
CAPITULO 1 EL RENACER DEL VAMPIRO
El callejón quedó como estancado en el tiempo, enmudecido por un cálido escalofrío de muerte que recorría mi cuerpo... Un sigiloso grito de hambre voraz recorría mi nuca, ansioso por sobresaltarse al mínimo movimiento de mi rostro impasible... Mis ojos, impenetrables por el miedo, buscaban en la oscuridad algún modesto movimiento que rompiese esa calma desaforada y acelerara mi organismo hasta mover mis piernas apresuradamente... De repente, sentí una presencia, siniestra y oscura frente a mí, que seguía siendo invisible a mis interrogantes ojos... Poco pude pensar, poco pude preguntarme quién o qué podía ser aquello, que sin mediar palabra se abalanzó sobre mí y me desgarró el cuello succionando con verdadera voracidad mi sangre y mi vida que se me escapaba por momentos... Y allí quedé, en el suelo de aquel callejón oscuro con un atisbo de muerte, en el que pude observar brevemente antes de esbozar el último aliento, aquella figura de ojos brillantes y colmillos ensangrentados que me miraba apesadumbrado y a la vez aliviado...
Silencio... Y más silencio... Ensordecido por la muerte que recorria mis venas y acariciaba mi cuerpo... De repente un gorgoteo lento y denso que se mezclaba con el eco de un latido lejano, casi inexistente, que recobraba celeridad por momentos entre la oscuridad. Como una ensoñación, vi ante mi un enorme charco de sangre encarnada, en el que se deslizaba constantemente una gota que brotaba de la nada, a la vez, seguia oyendo el gorgoteo continuo y el latido que por momentos se hacia más intenso y más cercano. Un enorme dolor en el pecho y un repulsivo amargor de boca fue lo que sentí antes de abrir los ojos... Ante mí ese ser lúgubre y sombrio que sostenia su brazo ensangrentado junto a mis labios...
-¿Quieres vivir?!! .- Preguntó agarrándome del cabello y echando mi cabeza hacia atrás como si quisiera arrancármela y llevársela consigo a ese mundo de tinieblas del que debia proceder.
Tembloroso y aún débil sólo pude esbozar un "si" apenas audible, pero lo bastante rotundo como para que esa figura siniestra me diese a beber su sangre y una sed insaciable me poseyera y me hiciese engullir aquel líquido repulsivo como si de una droga se tratase. La necesidad imperante de vomitar aquel horror que estaba viviendo se apoderó de mí, entre convulsiones y espasmos me retorcia de dolor. Pronto ese dolor desapareceria, como desapareceria mi vida humana... Abrí los ojos a un nuevo amanecer, pero en la más absoluta oscuridad, que me acompañaria para siempre hasta el fin de mis dias...
Noté como una gran energia me invadia, ya no sentí dolor alguno, mis heridas se desvanecian ante mis ojos como también lo hacia la suciedad que cubria mi rostro y cuerpo, al incorporarme vi en un rincón a la siniestra figura que me miraba con una torcida sonrisa. Ya no sentia miedo por aquella abominación, era como si una especie de magia me envolviese y me protegiese de todo. Le pregunté qué era, y agachando la cabeza pensativo, cerró sus ojos un momento y los volvió a abrir, esta vez más brillantes y acerados que antes...
-¿Aún no lo sabes? .-Preguntó algo molesto.
-No... entiendo nada, he oido contar historias sobre seres como tú, he visto peliculas, he leido libros... Pero todo era ficción... No puede ser cierto... .- Balbuceé desconcertado.
-¿No crees lo que ves con tus propios ojos?¿No crees lo que eres? Tranquilo... Tienes toda la eternidad para pensar en ello... .- Volvió a sonreir malevolamente.
-¿Quieres decir que ahora yo también soy un vampiro?¿Por qué yo?¿Por qué me has escogido a mí para ésto? .- Mi gran afán por saber la verdad y el nerviosismo que se apoderaba cada vez más de mi corroyéndome por dentro me hizo atosigarle a preguntas.
-¿Y por qué no? .- Contestó rasgando sus ojos y desapareciendo ante los mios.
Por unos instantes me quedé allí parado sin pensar en nada, no había asimilado muy bien toda esta locura, miré hacia todos esos rincones sombríos de aquel callejón esperando encontrarme con aquel engendro otra vez mofándose de mi desgracia, pero no logré hallarlo. Una angustia desmesurada se apoderó de mí, deseé llorar y gritar mi desgracia, pero cual fue mi sorpresa cuando descubrí que no podía llorar... Mis inertes ojos estaban tan secos como mi alma, por más que intentaba que el dolor se deslizase por mis pálidas mejillas no lo lograba, tan sólo aumentaba la angustia y el suplicio de no poder aliviar toda aquella pena que me asaltaba. Grité y grité con gran exasperación, mientras sentia que mis ojos ardian y me abrasaban, era un dolor indescriptible, que me hizo correr desaforado sin sentido.
Mi efímera demencia me llevó hasta mi casa, cerré la puerta con llave y me miré en el espejo. Mis ojos enrojecidos aún me ardian deseando evaporarse y evadirse de mi cara, mi rostro era lívido y desvaído pero mostraba una cierta seducción que me fascinaba.
- Dios!!! No puede ser que me esté gustando ésto!!! Es una pesadilla, y seguro que pronto abriré los ojos y todo habrá pasado, seguiré siendo el mismo de siempre, con la vida de siempre... .- Me repetia convencido una y otra vez, aunque en el fondo deseaba que toda aquella alucinación fuese real.
Pronto amaneceria y me dispuse a esperar los primeros rayos de sol para que me despertasen de mi terrible consternación. Me senté en un sillón frente a la ventana y esperé... Empezó a amanecer, los primeros rayos se acercaban a mis piernas temblorosas por la incertidumbre y el desconocimiento. El sol empezó a recorrer mi piel empezando por los pies y subiendo hacia mis piernas, brazos, cuello y rostro... No noté nada especial, así que pensé que todo había sido una burla de mis sueños perecederos. En un instante noté como mi temperatura corporal subia estrepitosamente y mi ropa humeaba queriendo arder. Bajé rapidamente la persiana del salón y me quité la camisa y los pantalones para comprobar que tenia quemaduras por todo el cuerpo. Me senté en el suelo resignado a morir con los ojos enrojecidos y ardientes por no arrojar una sola lágrima. Pasaron unos minutos y empecé a sentirme mejor, miré mi carne quemada y estaba regenerándose sóla, como por arte de la misma magia que me envolvió en aquel callejón y me otorgó mi vida de vampiro. Un sueño descomunal se apoderó de mi, casi tuve que ir arrastrándome a mi dormitorio y reptar hacia la cama, allí quedé dormido dentro de mi inmortal pesadilla, de la que no podía despertar ni escapar.
Pasé todo el día durmiendo entre terribles pesadillas de sangre y muerte, y al llegar de nuevo la noche desperté con un hambre atroz que aturdía mi mente haciéndome ver cosas que me negaba a ver, como el morder a la vecina y bañarme en su sangre... Abrí la nevera y cogí un filete de ternera crudo y lo mordí esperando hayar calma a tal desenfreno, pero una gran repulsión me hizo escupirlo entre arcadas...
- ¡Dios! ¿Qué voy a hacer ahora? .- Grité mirando hacia arriba como si la respuesta fuese a manifestarse en el techo.
Frustrado y hambriento salí a la calle y comencé a caminar pensando qué podia hacer. Pasé horas en ese estado de enajenación, caminando presuroso sin mirar a nadie. Hasta que lo vi, era un chico que se habia quedado tirado con el coche, y desesperado miraba el motor intentando averiguar de dónde salía el humo... Miré hacia ambos lados de la calle y no vi a nadie, así que me acerqué y le pregunté:
- ¿Te puedo ayudar, amigo?
El chico al verme desconfió un poco, mi aspecto desaliñado sumado a mi palidez espectral, que resaltaba aún más unas prominenetes ojeras que rodeaban mis ojos enrojecidos, le hicieron retroceder unos pasos...
-Ummm.... Tengo un catarro de muerte, ahora mismo buscaba una farmacia, dejamé que le eche un vistazo al coche... .- Me apresuré a decir antes de que el chico huyese despavorido.
- Oh, gracias, la verdad es que no tiendiendo de mecánica y no sé que le puede pasar...
Me acerqué al coche y comprobé que tenia el tapón del depósito de agua mal y que la habia perdido toda...
- Vaya, parece que te has quedado sin agua, el tapón del depósito está deteriorado, será mejor que te lo vea un mecánico... ¿Tienes agua por ahí?
- Si si, espera.... .- El chico se precipitó a abrir el maletero del coche y sacó una botella.
Al acercarse para dármela se paró junto a mí observando detenidamente como le solucionaba el problema, fue entonces cuando noté su irresistible olor humana, y oí el latido de su corazón que acelerado retumbaba en mi cabeza una y otra vez...
- ¡Ya está! No olvides llevarlo al mecánico... .- Dije dándole rapidamente la botella y alejándome sin despedirme.
- ¡Ey, espera! Me has dicho que ibas a una farmacia, dejamé que te lleve, la más cercana está a 2 km y tienes mala cara, seguro que has empeorado por mi culpa...
- ¡No! No te preocupes, estoy bien, gracias... Iré andando que no está tan lejos. .- Contesté angustiado alejándome un poco más para dejar de oir aquel latido que me iba a volver loco.
- Insisto, que menos, después de haberme ayudado con el coche, no aceptaré un no por respuesta...
Las pocas fuerzas que me quedaban para resistirme desaparecieron como aquel humo de motor, y aquel latido hipnótico me atrajo con una inusitada inconsciencia hacia el interior del coche del muchacho. Al sentarme a su lado ya no pude contenerme más, su olor tan suave y dulce casi me hacia adormecer de placer. Mis ojos se volvieron a enrojecer al mirar el vaivén de su cuello que se movia al compás de la conversación. Y un agradable ardor brotó de mis mejillas junto a un par de colmillos que hasta ese momento no había tenido... Todo fue muy rápido, no tuvo tiempo de ver mi terrible aspecto, mi euforia me hizo desgarrarle el cuello y comenzar a beberme su vida emborrachado de aquel olor dulce a humanidad que aún se respiraba en su piel.
Lo habría desangrado por completo de no ser porque el vampiro de la noche anterior me apartó bruscamente lanzándome fuera del coche...
- ¡No puedes matarlo!¿Quieres llamar la atención y que nos descubran? .- Gritó encolerizado, y sujetándole la cara entre sus manos lo miró intensamente.
Sus ojos brillaban concentrados en aquel rostro aterrado que parecía rendirse a la evidencia de la muerte.
- No tengas miedo, ahora vas a estar tranquilo... No recordarás nada de lo que has visto... Te atacaron por detrás y te robaron, no viste sus caras, no sabes como has llegado al hospital...
El muchacho asintió con la cabeza y se desvaneció. El vampiro lo cogió en brazos y mirándome bastante irritado dijo:
- ¡Voy a llevarle al hospital, con suerte se salvará, tú esperamé aquí y no te muevas!
Diciendo ésto desapareció a tal velocidad que no alcancé a verlo en unos segundos.
Esa fue la única vez que vi un gesto humano en él, o al menos eso creí, que lo hizo por humanidad, por compasión... No me dió tiempo a moverme ni pensar en escapar, al momento ya estaba de vuelta con la misma rapidez con la que se marchó.
- ¿Y el chico... Está bien? .- Pregunté con la voz entre cortada por el arrepentimiento.
-¡Gracias a mí! Se recuperará... ¡Tienes que tener cuidado al alimentarte o empezarán a investigar y nos descubrirán! .- Gritó desesperado.
- Te recuerdo que yo no elegí ésto, me convertiste en vampiro y desapareciste sin darme explicaciones!
.- Antes de que terminara de reprocharle lo que era gracias a él, lo tenia sujetando mi cuello con su mano con una fuerza descomunal.
-¡Recuerda tú que igual que te dí la vida, te la puedo quitar! .- Diciendo ésto soltó mi cuello y retrocedió unos pasos...
- Está bien, te enseñaré lo que debes saber para no joder nuestra existencia ni la de los demás... Lo primero y más importante es alimentarte pasando desapercibido... Como aún no controlas muy bien cuando debes parar, practicarás con vagabundos, a esa escoria nadie la echa de menos... .- Dijo haciendo una mueca maliciosa.
- Pero... Yo no quiero matar a nadie... No soy un asesino...
- ¡Ja, ja , ja! Querido amigo, eres uno de los asesinos más despiadados de este mundo... Muchos humanos piensan que es el tiburón blanco... Pero eso es porque no nos hemos dado a conocer... ¡ja, ja, ja! Si no te hubiese parado habrías matado a ese chico sin contemplaciones... La última gota de sangre de un humano nos da la paz y el placer más infinito que jamás has sentido... Ya lo probarás y verás que no tiene comparación con nada que hayas probado en tu vida mortal, pero debemos ser cautos como te he explicado...
- ¿Cómo te llamas? ¿Hay más como nosotros? ¿Podemos alimentarnos de animales? .- Tenia mucho más por preguntarle, pero se acercó y me cogió una mano...
- Haces muchas preguntas... Vamos a otro lugar antes de que alguien nos vea y nos relacione con el supuesto "robo"... .- Dijo haciendo un gesto tosco y comenzamos a correr a una velocidad imposible para cualquier ser vivo, y a pesar de ello podía fijarme en algo o en alguien como si detuviese la imagen en el tiempo sin dejar de moverme, era tan irreal como un sueño...
Llegamos a las afueras de la ciudad, la noche irradiaba una gran luna llena que desnudaba nuestros inmortales rostros de vampiro... Por fin pude verle bien la cara, sin oscuridad, sin tinieblas, y ya no me pareció el horrible ser que vi dos noches antes... Tenia un oscuro atractivo que lo hacía terriblemente atrayente...
- Mi nombre es Desmond... Tengo más de 200 años, he visto el gran cambio de los tiempos... Y del hombre... Es el responsable directo de su propia destrucción, y hay que verlo solamente como lo que es... Comida... Nosotros somos seres superiores, Dioses... Y algún día nos conocerán y nos temerán, pero todo a su debido tiempo... Hay muchos vampiros en el mundo, hermanos que al igual que nosotros permanecen ocultos esperando el gran amanecer... En cuanto a lo de alimentarte de animales, no te aconsejo que lo hagas, su sangre nos hace debilitarnos, podrirnos por dentro y perdemos nuestros poderes hasta que volvemos a beber sangre humana...
- ¿Qué es eso del gran amanecer? .- Pregunté extrañado.
- Eso ahora carece de importancia para tí, antes debes comportarte como un auténtico vampiro, Christopher...
- ¿Cómo sabes mi nombre? No recuerdo habértelo dicho...
- Sé muchas cosas sobre tí... Tu renacer vampiro no fue un capricho del azar... Pero todavía no estás preparado para entender muchas cosas, ten paciencia y aprende de mí... Has tenido suerte de que haya sido yo quien te haya convertido, no podrias haber tenido un maestro mejor... .- Sus ojos reflejaron el gran orgullo que sentía de si mismo y la convencida soberbia de sus palabras.