El cielo está negro
y esa oscuridad se filtra por los poros de mi piel
como denso humo que ennegrece mi alma,
y mi maltrecho corazón escupe latidos enfermos
de miedo a ser escuchados.
En mi pecho aún resuenan los leves recuerdos del golpeteo del amor,
la risa floja de la ilusión aún se saborea en mis labios
temblorosos de desconsuelo.
A mi memoria afloran abrazos que aún arropan mi cuerpo,
olores que aún resoplan en el aire que respiro,
ese escalofrío en la nuca que recorría mi espalda
cuando nuestras miradas chocaban rompiendo el silencio.
Esa ternura espontánea con la que mis manos buscaban tu pelo,
ese ahogo de sentimientos que inundaban mis adentros.
El cielo está negro,
como la oscuridad que hayan mis ojos cuando intentan verte,
como los cuervos de la desesperación que picotean las ruinas de mis sueños irrealizables,
como las sombras de la duda que me persiguen incansables,
como el abismo interno que mi corazón siente,
como el vacío inmenso que con tu partida dejaste,
y se escapa de mi estómago un pálpito confuso,
que revolotea en mis penas borrachas de lágrimas cautivas.
El cielo está negro,
como negros son mis despertares,
como negros tus ojos que ya no me miran,
como negro es el miedo que por mi mente camina,
como la esperanza que cae malherida,
como el lánguido rostro del adiós que deja un sabor amargo a despedida,
y mis venas dejan escapar tu nombre desbordando mis heridas.
¡Amor! grita mi sangre y mi aliento empaña,
¡amor!¿por qué te escondes y ensordecido escapas?
No puedo verte, tras de ti vas dejando oscuridad,
dejas un negro apego a la soledad, con la que a mi corazón alegro,
y miro arriba y veo que el cielo está negro.
Mayka (2003)


